La espada que aún respira

“La espada que aún respira”
No recuerdo en qué momento dejé de pertenecer al mundo de los vivos… pero el bosque me recuerda a mí, y junto a él… recuerdos que aún llevo conmigo.
Camino entre sus sombras como si fueran hogar, como si cada árbol supiera mi nombre antes de que yo lo olvidara.
Dicen que soy una guerrera.
Pero sólo soy un recuerdo que aún sigue respirando.
La espada que llevo no me pertenece.
Nunca lo hizo.
Aún guarda el calor de sus manos, aunque el tiempo haya intentado borrarlo todo.
A veces la sostengo contra mi pecho, como si pudiera escuchar su voz atravesando el metal, como si en el silencio… él aún me eligiera.
El bosque me observa cuando me desvisto, no con juicio… sino con respeto.
Aquí no hay vergüenza, solo piel, cicatrices y memorias que no se dejan tocar.
Me sumerjo en el río para olvidar, pero el agua siempre me devuelve su reflejo.
Y entonces entiendo…
que no lo llevo conmigo por deber,
ni por promesa.
Lo llevo porque amarlo fue lo único que alguna vez me hizo sentir viva.
Y ahora…
es lo único que me impide desaparecer.
Porque mientras su recuerdo arda en mí, ni la muerte se atreverá a reclamarme.




